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Posts Tagged ‘Miss Honey’

Es extraño recordar los primeros encuentros con las letras. Tuve la suerte de ir aprendiendo a leer en inglés y en español casi simultáneamente. No tengo noción de cómo fue que logré leer en mi idioma nativo. Sólo sé que mi nana se esmeraba en comprarme libros. Sobre todo tengo en mente los Papeluchos y los libros de Julio Verne. Disfrutaba metiéndome en esos mundos, viviendo vidas que no eran mías, haciéndome parte de historias que sólo podían ocurrir dentro de mi mente. Y luego vinieron los libros en inglés. Extrañamente no fue una profesora la que estuvo pacientemente a mi lado ayudándome a unir letras hasta formar palabras. Fue una niña, un año mayor que yo, pero que con una dedicación y paciencia infinita se sentaba a mi lado y leíamos. Perdíamos la noción del tiempo. A veces me parecía que estábamos días enteros leyendo aunque probablemente la “actividad” no durara más de media hora. Un libro era mucho más que un montón de hojas juntas: era un universo, una realidad, una  nueva creación que se me ofrecía sin reparos. Pasaron unos pocos años y mi afán por leer no hizo más que incrementar. Mi madre se preocupaba, no encontraba que fuera “normal” que su hija pidiera libros en vez de muñecas. En vacaciones de verano mis hermanos llenaban las maletas con juguetes mientras yo preparaba mi bolso lleno de libros. Así, se podría decir por casualidad, llegó Matilda de Roald Dahl a mis manos. Si me preguntaran cuántas veces he leído ese libro, tendría que admitir que he perdido la cuenta.

Inmediatamente me sentí identificada con esa niña que pasaba las tardes enteras leyendo a puerta cerrada. Siempre a escondida de sus padres porque éstos no podían tolerar que la pequeña disfrutara más con las novelas que con la televisión. Felizmente, a diferencia de Matilda, mis padres no me trataban de “tonta” ni jamás sentí que dejaran de quererme. Pero hay algo ahí, en la incomprensión de los padres, en el no ser capaz de darse cuenta que ser distinto no es necesariamente algo malo. Y eso sí lo logré captar desde niña. Con cariño, mis hermanos me decían que yo era la “Lisa Simpson” de la casa. Y yo me fui metiendo cada vez más en mi mundo interior. Dejé de compartir mis pensamientos. Fue en esa época cuando empecé a escribir. Mis padres miraban de lejos, pero no quisieron o no se atrevieron a preguntar qué había en esas páginas escritas con letra de niña. Matilda, la de Roald Dahl, también escribe. El autor no nos habla mucho del tema, pero sabemos que escribe poesía. ¿Qué busca esa niña en la literatura?

Matilda se ha criado sola. Antes de estar en edad para ir al colegio, pasa sus días en su deshabitado hogar. Ahí agarra el diario que sus padres han dejado tirado y comienza a leer. A medida que va creciendo siente ansias de ir aprendiendo cosas nuevas, de leer aún más. Por eso la vemos en la biblioteca, en donde se transforma en una máquina que absorbe conocimiento. Pero la gran pregunta es ¿cómo ocurre esto? ¿Estará Matilda escapando de la realidad? ¿Necesitará vivir vidas ajenas para tapar el vacío de la suya? ¿Verá en los libros las posibilidades que ella no puede tener?

Metafóricamente podríamos decir que junto con ir adquiriendo capacidades intelectuales, el cerebro de Matilda va creciendo. A tal punto que comienza a mover objetos con la mente. Este “fenómeno” le permite salvar a su profesora, Miss Honey, y, de alguna forma, salvarse a sí misma. Después que Miss Trunchbull se va del colegio, Matilda avanza al nivel académico que necesita y pierde sus poderes. Su mente está en paz, ya no necesita enviar señales de ayuda para ser alimentada adecuadamente.

Finalmente no sólo la mente de Matilda llega a buen término, también su vida es puesta a salvo. No sabemos qué pasará en el futuro, pero Matilda queda en brazos de la única persona que realmente la ha querido. Es probable que muy pronto, si es que no lo ha hecho ya, la pequeña logre superar intelectualmente a Miss Honey. Pero eso no es un problema. Al final, lo que Matilda o cualquier niño busca, es amor incondicional. Ojalá todos tuviéramos en algún momento una Miss Honey a nuestro lado. Sólo así, tal como Matilda, podríamos desarrollar todas nuestras aptitudes y acercarnos un poco más a la inalcanzable perfección.

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