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Posts Tagged ‘Educación’

Todo padre, o al menos todo padre medianamente aceptable, busca lo mejor para sus hijos. Algunos optan por seguir sus instintos, otros agarran consejos de familiares y amigos y los hay quienes buscan encontrar su propio centro. En ese último grupo me encuentro yo y es por eso que en el último tiempo me ha dado por comprar libros sobre enseñanza, educación y crianza. Uno de los últimos que he leído se titula “Between Parent and Child” de la Dra. Haim Ginott. No sé si estará en español, lo traté de googlear pero no lo encontré. De todas formas, decidí escribir unas palabras en torno al tema ya que me doy cuenta que, al menos en Chile, no somos muchos los que leemos y los que sí leemos carecemos de una infinidad de material que simplemente no llega a nuestro país (y cuando llega está a un precio desmesuradamente caro).

Como padre uno busca que sus hijos se desarrollen de la mejor forma posible. Esto implica que crezcan a nivel espiritual y físico. Que cada día sean más “humanos” y que miren la vida con optimismo. Los obstáculos y las dificultades siempre estarán presentes, el cómo llevamos esos terrores es lo que marca la diferencia. Más que evitarle un dolor a un hijo, lo que se busca es que éste sepa asimilarlo, afrontarlo y finalmente vivirlo. Para esto, la Dra. Ginott recalca la importancia que tiene para los padres entender y reconocer los sentimientos de los hijos. Cuando el niño siente ira, no se debe tratar de suprimir ese sentimiento. Al contrario, el padre debe lograr que el hijo se sienta comprendido. Por ejemplo, si el pequeño está enojado con su hermano porque éste le rompió un juguete, el padre no debe decirle algo de la índole “pero si eso no es para enojarse, tu hermano no lo hizo de malo”. Lo que el padre busca aquí es entablar comunicación con frases como: “me imagino que debes sentir mucha rabia con tu hermano porque ha roto algo tuyo”. Ahora bien, una cosa es reconocer que las emociones son válidas y la otra es que éstas dominen al ser humano. Por eso, la autora dice que si bien el niño debe ser libre de sentir, no así de actuar (aquí es donde entrar en juego la razón y la voluntad). Está bien que sienta rabia con su hermano, pero no por eso es válido que le pegue. Es en las acciones donde los padres deben saber poner los límites. Y es precisamente aquí donde tengo mis reparos con la Dra. Ginott. Si bien ella dice que estos límites se pueden entablar por medio del diálogo, creo que todos hemos visto que a veces un niño (o cualquier persona que no sepa controlar sus sentimientos) no escucha razón.  ¿Qué se debe hacer ahí? ¿Se sigue intentando hablar con el niño en un tono calmado o como padre se deben tomar cartas en el asunto y elevar el tono de voz? Lo dejo planteado, al menos para pensarlo.

Otro punto a destacar es el tema de la verdad. Los padres siempre les exigimos a nuestros hijos que no mientan. Sin embargo, muchas veces como adultos les mentimos a nuestros pequeños y nos refugiamos diciendo que los estamos protegiendo. En mi familia esa fue una táctica muy usada. A los niños rara vez se les decía las cosas. Sólo puedo decir que por experiencia personal, los niños igual captan lo que ocurre. Unos padres que están al borde de separarse no podrán jamás ocultárselo a sus hijos. La muerte de un ser querido no se puede tapar con sonrisas y evitando hablar del tema. Así, ocurre lo mismo con todo. Los niños perciben lo que ocurre a su alrededor y no hay máscara que sea suficientemente buena como para engatusarlos. En cuanto a qué aprendí como niña de todo eso: a mentir. Durante años fui una gran mentirosa. Al punto que, para los que conocen la vida del escritor Juan Rulfo, me autodenominaba “rulfiana”. Mi enfermedad llegó a que muchas veces no tenía necesidad de mentir pero seguía haciéndolo porque me había acostumbrado y lo encontraba más cómodo que hablar con la verdad. Claramente aprendí a la perfección lo que los adultos me enseñaron.

En el poco tiempo que llevo indagando sobre el tema de cómo relacionarse con los niños y la crianza y educación de éstos, me he dado cuenta que la cantidad de corrientes que hay dando vueltas es amplia. No todo está en un libro y puede que como padres nos sintamos más cercanos a una línea de pensamiento que a otra.  A veces incluso vamos mezclando lo que aprendemos de distintos autores con lo que la vida y nuestros propios hijos nos van enseñando. La Dra. Ginott es una psiquiatra que buscó el diálogo con los niños ya que para ella un niño se desarrolla en la medida en que es avalado y respetado por sus padres como persona. Si bien comparto con la autora en gran parte de sus argumentos, faltó información relacionadas a la obediencia y el respeto hacia los padres. Lamentablemente me he dado cuenta que palabras como “autoridad”, “respeto” y “obediencia” hoy gozan de mala reputación. No obstante, son cualidades morales que todo ser humano debe tener. Sin ir más lejos, un adulto le debe autoridad, respeto y obediencia a Dios. De la misma forma, un hijo (y aquí no hago distinción de edad aunque por sentido común todos sabemos que los matices cambian con los años), también le debe estas tres cosas a sus padres. Así como los padres debemos ser capaces de permitir que nuestros hijos vayan creciendo y que tomen decisiones acorde a su edad, también es necesario entender que entre más pequeño, más autoridad y obediencia debe tener un niño hacia sus padres ya que aún le falta desarrollar la razón y el uso de la voluntad. Sólo así alcanzará un adecuado desarrollo físico, intelectual, emocional y espiritual.

*Imagen obtenida de la página Web World Geography.

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