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Posts Tagged ‘Editoriales’

Sigo alucinando con el Kindle. Cada día me sorprende más. Debo admitir que tenerlo en mis manos superó todas las expectativas de lo que había leído y visto. Es como esos escasos personajes de la televisión que en persona se ven aún mejor que en pantalla. Simplemente una maravilla. Sí, uno siempre le puede buscar mejoras. Quizás que la pantalla fuera  touch screen, también se le podría agregar un poco de color y, por supuesto, hacer la pantalla, proporcionalmente al tamaño del aparato, más grande. Pero dejando las mejoras de lado, este lector simplemente es una maravilla de la tecnología. Cuando lo tengo prendido me olvido que estoy frente a una máquina y simplemente dejo que el libro me envuelva. La calidad de la tinta es tal que uno confunde la pantalla con un papel. A demás, tiene las opciones de destacar, hacer anotaciones y guardar las páginas de interés.

Leyendo el cuerpo de Artes y Letras de El Mercurio me enteré que entre el 24 y el 28 de febrero se realizará el primer Congreso Iberoamericano de la Lengua y Literatura Infantil y Juvenil (organizado por el Grupo Editorial SM). Junto con aplaudir la iniciativa, ya que la literatura infantil y juvenil suele ser dejada de lado en nuestro país, me llamó la atención que, precisamente, uno de los temas que se tratará en el congreso es el fenómeno de la digitalización del libro. Algunos de los participantes de este evento se preguntan qué pasará con las editoriales y los derechos de autor. Nuevamente, el temor. Sí, todos los cambio implican, pues bien, precisamente CAMBIOS. Editoriales, escritores y librerías deben poner de su parte para que este avance sea efectivo. Sobre todo en el área infantil, no es tan difícil imaginar los beneficios que pueden traer los e-books. Partamos por la disminución de los costos ya que los libros (y sus respectivas ilustraciones) no tendrán que ser impresos. A demás, una gran ventaja para los padres, el lector de libros le podrá leer los libros a los niños. Con sólo apretar un botón, el niño podrá escuchar la historia y, junto con ver las ilustraciones, seguir la lectura.

También hay otros que dicen que el libro de hoy debe ser capaz de competir con aparatos como la televisión y las consolas de videojuegos (WII, XBox, PSP, etc.). Aunque discrepo, ya que creo que es deber de los padres guiar a sus hijos para que la televisión, videojuegos o cualquier tipo de entretención sea usada con prudencia, los lectores electrónicos también pueden ser una gran herramienta para ganar esta dudosa competencia. Al contar con acceso a Internet, los e-books podrían estar en línea e incluir actividades multimedia. Algunas ideas que se me vienen a la mente: que después de leer un libro hayan actividades asociadas a la lectura, quizás videos con los personajes de los cuentos o simplemente juegos de ingenio asociados a lo leído. Las alternativas son infinitas. Sólo se requiere un poco de creatividad, imaginación y ganas de hacer las cosas. Esperemos que este congreso sólo sea el primer paso para que el mundo literario infantil-juvenil de habla hispana decida abrazar las nuevas oportunidades tecnológicas sacándole el mejor provecho posible a las miles de posibilidades que los avances en esta materia ofrecen.

Sólo como dato. Para quienes se interesen por conocer sobre otros lectores electrónicos, hay que recordar que la librería Barnes & Noble lanzó un dispositivo llamado Nook. También la empresa Sony tiene sus e-book readers en la línea PRS. Aunque la página Web está en inglés, aquí se pueden encontrar reseñas de algunos lectores electrónicos que actualmente se pueden encontrar en el mercado: http://www.electronic-reader.com/

*Los datos obtenidos del Congreso Iberoamericano de la Lengua y Literatura Infantil y Juvenil fueron sacados del diario chileno “El Mercurio” del cuerpo E (Artes y Letras, Revista de Libros) del día Domingo 21 de febrero de 2010 (página E11).*

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Una de las tantas cosas que amo de mi marido es su equilibrio entre las letras y lo lúdico. Puede pasarse un día entero metido entre libros y al día siguiente es como ver a un niño de cinco años jugando y disfrutando la vida.

Recuerdo la noche en que me dio la gran noticia. Abatida por las patadas que me daba mi hijo en mi vientre y por el calor de Santiago comenzaba a quedarme dormida.

–       Oye… – me dijo de repente.

–       ¿Sí? – le pregunté.

–       Nada.

No le respondí. Pero miré su cara e intuí que ese “oye” no era por nada. Traté de convencerlo de que me dijera qué estaba pasando por su mente, pero no tuve mucho éxito. Era ver a un niño, ansioso por contar su última travesura pero incapaz de encontrar las palabras adecuadas para expresar todo lo que ese evento en particular le provocaba. Finalmente decidí dejarlo pasar y volver a sumergirme en el mundo de los sueños.

–       Nos regalé el Kindle. – Dijo finalmente cuando comenzaba a soñar.

–       ¿Qué? – le pregunté aún dormida.

–       Sí, nos regalé el Kindle.

Ahora ya no sólo era él quien parecía un niño de cinco años. Mágicamente los dos retrocedimos en el tiempo y comenzamos a hablar con ansias sobre el nuevo juguete que se aproximaba. Él había leído reseñas, artículos y noticias sobre el aparato que nos desveló por unas cuantas horas. Me cautivó con la opción de almacenar 1.500 libros en un solo dispositivo. Este pequeño componente además tiene tinta electrónica que permite leer un e-book en pantalla y verlo como un libro de papel. Como las emociones no paraban, me hizo volar cuando me explicó sobre páginas Web como www.gutenberg.org que se han dedicado por años a pasar libros a formato electrónico con la intención de que éstos sean descargados gratuitamente. Siendo tanto mi esposo como yo amantes de sitios como Amazon.com y Abebooks.com, alucinamos pensando que no sólo podríamos pagar menos por los libros, sino que también nos ahorraríamos el despacho (tema no menor pensando que los libros deben viajar desde el norte hacia el sur) y decirle ¡adiós! a los impuestos. Y como nunca faltan otros inconvenientes, más de una vez el libro encargado simplemente jamás llegó a su destino a pesar de las rabietas en el correo. También de este “pequeño” malestar nos podíamos olvidar.

Al próximo día seguimos “estudiando” nuestro nuevo juguete. Averiguamos que la velocidad para descargar libros es de 1 minuto (al menos con la red norteamericana) y que la batería dura 1 semana si no tiene la conexión a Internet activada.

Tampoco pudimos dejar de pensar en el gran dilema que muchos se han cuestionado con los avances de la tecnología digital: ¿son los e-books asesinos del libro? Digamos las cosas como son, cada vez que se ha “digitalizado” algo, ya sea música, películas e incluso los diarios, ha entrado el pánico sobre la muerte de dichos rubros. Ha pasado el tiempo y ¿qué vemos? Que el supuesto deceso y fin de los tiempos no es real. Lo que sí encontramos es un cambio en la forma de percibir y de adquirir dichos bienes. Aún hay personas que gozan comprando un CD, pero también vemos que muchos se han aburrido de los pirateos (y todo lo que éstos acarrean: desde material de baja calidad hasta viruses que terminan aniquilando computadores) y que optan por comprar música en MP3. En Chile nos queda mucho por avanzar. Es insólito que tiendas como la Feria del Disco aún no hagan nada al respecto. Sin embargo ya han salido nuevas páginas Web dedicadas a la venta de música MP3 como lo son www.mimix.cl e incluso en sitios como www.bazuca.com. Es probable que lo mismo ocurra con los libros digitales. El papel impreso no morirá, siempre existiremos los románticos que si bien podemos llegar a tener libros electrónicos, cuando realmente nos apasionamos por algún tema preferimos ir a las librerías de antaño y tener el libro en nuestras manos. Ojearlo, olerlo, posar los ojos sobre sus letras y finalmente llevárselo al hogar y almacenarlo junto a los demás invitados de honor en las repisas.

El trabajo ahora depende en gran parte de las editoriales. Kindle ha llegado a Chile o, para quienes lo prefieran, se puede comprar directamente desde Amazon. Es cierto que aún no hay muchos libros digitales en español, pero eso no es problema de la tecnología, sino que de los editores. Es necesario invertir recursos para seguir los pasos de los avances. Esto no es un asesinato del libro, al contrario, es una expansión de tan preciado bien.

Imaginemos el futuro: eliminación de las fronteras geográficas. El mundo editorial unido con el afán de entregar sus productos a todos los rincones del mundo. Más aún, que las bibliotecas realicen la misma maravilla. Quienes necesiten acceder a información especializada ya no tendrán que viajar a otros continentes. Pagando una módica suma (mensual, anual o como los ingenieros estimen conveniente) un estudiante realizando un doctorado o un profesor podrá acceder a material exclusivo. Si eso es matar al libro, soy la primera en apuntar mi arma. Pero la verdad, es que esto es un renacer de la cultura.

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