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Archive for the ‘Ficción’ Category

My kids have loved books from the moment they were able to put their hands on them. Seeing mom and dad read all day, it’s kind of understandable. Although the youngest of both (9 months old) is still in his discovering stage (basically savoring all the flavors literature can offer), my 2 year old simply loves snuggling in my arms while I read to him. He loves books so much that along with sleeping with his huge bunny, Curious George and a small little monkey he’s had since he was 1, he has to sleep with a book. Hidden behind his door I’ve heard how he goes page by page looking at the pictures of the stories he has so many times heard and only then does he rest his head to sleep.

And the bedtime ritual has, for now, two favorites: “Goodnight Moon” and “Goodnight, Goodnight Construction Site”.

I’ll start with “Goodnight Moon”. Published in 1947 by Harper & Row, this is an all time classic. All who have read the book probably remember with warmth the famous beginning: “In the great green room there was a telephone. And a red balloon. And a picture of – …” Most nights my husband and I read it to our firstborn before he goes to bed. My husband loves the end of the book: “Goodnight noises everywhere.”  It’s easy to imagine why after a hard day at work… The entire story takes place in the great green room. Margaret Wise Brown (author) and Clement Hurd (illustrations) have the ability to get us in the mood with a simple language and plain drawings. We see the little bunny saying goodnight to the world as he knows it at the same time that he tries to postpone the inevitable: going to bed. The light in the room gets dimmer. The noises all around begin to quiet. The bunny tucks in bed as the old lady whispers “hush”. And by the last page, not only my son, but also my husband and I wish we could lay our heads on our pillows and sleep.

I admit I have only read “Goodnight Moon” and “Runaway Bunny” from Wise Brown. But according to her official Website (www.margaretwisebrown.com), although she died quite young (when she was 42) she wrote over a hundred books. I guess I’ll have to check into that. It’s sad to see that someone who wrote so many children’s books came from a broken family and that she never had any child of her own.

“Goodnight, Goodnight Construction Site” (2011) arrived at our house thanks to my husband. Just like me, he loves reading. He’s a philosopher (although he never admits it, he says he’s a philosophy teacher, but the truth is, he’s my renaissance man with a philosophical mind) and he values knowledge with humbleness and greatness (one of the many reasons why I fell in love with him). So he’s always looking into books: books about philosophy, books about Catholicism, books about motherhood and parenting, books about his numerous hobbies, literature books, books about homeschooling and, of course, books for our kids. That’s how one late night he showed me in Amazon “Goodnight, Goodnight Construction Site”. I had never heard of it. But I do know my son and have come to acknowledge the fascination he has with trucks and constructions. It was perfect. We bought it with a click. When the magic little box arrived, it was a lazy Thursday. We had been walking most of the morning with my two kids. The baby was fast asleep and the oldest was eating a cheese sandwich. When the doorbell rang I knew what was coming. So I left my son waiting and answered the door. As soon as the deliveryman was gone, I looked at my son and he looked, well, not at me precisely, but at the box. He didn’t say anything. But my guess is that he knew there was something in there for him. So I opened the box and told him “oooohhhh, look what arrived!” Immediately he saw the pictures and simply had to hold the book in his perfect little hands. Laughing with excitement he stared at the pictures and pointed at all the trucks and machinery he knows so well. Gently he padded the book with his palm indicating me that it was absolutely necessary that I read the book to him. “We’ll read it before your nap”. And we did. And we both fell in love. The drawings are beautiful and the text fits perfectly in all its rhyme. The story complements the illustrations flawlessly to the point that one can feel the atmosphere and imagine how the day comes to an end, the activities stop and the trucks relax their bodies in order to sleep. Sherri Duskey Rinker, the author, wrote an essay for Amazon. In it she explains how she has been a book lover as far as she can remember. It seems that her grandmother had a great deal to do with it. And about “Goodnight, Goodnight Construction Site”, just a few words she wrote: “Inspired by my youngest son’s tireless (literally!) obsession with trucks, I wrote Goodnight, Goodnight Construction Site in stolen moments during the workday and late at night, after the boys were tucked in.” Later on, she refers to how she got to work with Tom Lichtenheld (illustrator): “And there it was: classic, timeless and tender, with just a touch of whimsy. My crane truck, a distant, younger cousin to Mike Mulligan, perhaps? My heart melted. I was won over.

So there it was: nothing like I imagined. But it was better. I’ve come to learn that some of the best things in life–like marriage and motherhood–are like that.” Nothing more to add. Sherri Duskey Rinker has said it all.

 

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Me ha entrado la curiosidad por conocer la vida de Roberto Bolaño. Quizás encontrar alguna biografía digna de ser leída para conocer un poco más de la vida de este grande latinoamericano. Digo latinoamericano y no chileno, porque, como algunos ya sabrán, me cuesta imaginarme a Bolaño siendo chileno. Más bien se me aparece como de habla hispana. Creo que hasta Sudamérica me quedó estrecho para este autor. En todo caso, mi impresión no es de extrañar si consideramos todo lo que viajó este hombre en vida.

Recién he terminado de leer la selección de cuentos y ensayos “El gaucho insufrible”. Antes de ponerme a escribir quise indagar un poco sobre el libro. Para mi sorpresa, éste fue el último libro que Bolaño mandó a publicar en vida. Poco tiempo después se internaría en una clínica en Barcelona en donde fallecería. Eso me hizo pensar en la muerte, tan constante en la obra de Bolaño. ¿Cómo será tener la muerte tan cerca que uno es capaz de saborearla? Me ha tocado sentarme a la mesa con la muerte un par de veces, pero jamás era yo la que comía de su plato. Me tocó ver cómo otros se iban apagando frente a mis ojos. No fue fácil, porque eran personas queridas y no pude, aunque en mi inmadurez lo intenté, ser indiferente al adiós de otro. En los momentos más duros grité con ira y desesperación queriendo ser yo la que se iba de este mundo y no a quien tanto amaba. El que sabe que va a morir, ¿gritará de la misma forma rogando que sea otro y no él el que se va? Dicen que hay estudios que muestran que cuando una persona está cercana a la muerte se elevan los niveles de endorfina en su cuerpo. Esta hormona, muy parecida en su efecto a la morfina, trabaja como analgésico y produce un fuerte sentimiento de bienestar (también se le asocia a actividades como el ejercicio, el consumo de comidas aliñadas, el amor y el orgasmo, entre otros). ¿Será la endorfina una de las tantas ayudas que nos da Dios para irnos en paz? ¿Le habrá ayudado la endorfina a Bolaño?

La muerte es un desprenderse. Es un darse cuenta que el aquí y el ahora no tiene valor porque lo que sigue es lo verdadero y lo eterno. Para quienes no saben bien en qué creer, lo más desgarrador debe ser la incertidumbre. Pero para el que tiene la certeza de no creer en nada, entonces lo más desgarrador es transformarse en nada. ¿Qué habrá pensado Bolaño sobre la muerte? ¿Habrá considerado la inmortalidad del alma a la hora de dejar este mundo? No me atrevo a emitir juicios, lo dejo a criterio de cada uno. Pero lo que sí sorprende es ver cómo los personajes y, finalmente, el propio autor, se van acercando a la muerte. La van buscando o, quizás, más que buscando, la van adaptando a sus necesidades. Y en es baile nos vamos topando con la crudeza del ser humano, con su bestialidad, con su falta de razón y de emoción. Sin embargo, un aliento de esperanza, porque el propio Bolaño dice que lo único que ayuda combatir la enfermedad (o la muerte) son el sexo, la literatura y viajar. Sabe que al final del día igual vencerá la muerte, pero también tiene la certeza de que es necesario, a fin de cuentas, vivir la vida.

Cuando leí estos relatos recordé que alguna vez alguien me preguntó cómo terminaban mis cuentos. Junto con responderle, quise saber el por qué de la pregunta. Ahí me enteré que muchas veces el final que uno le da a sus relatos están ligados a como uno percibe la vida. ¿Qué nos quiso decir Bolaño? Nos topamos con la incertidumbre, la falta de claridad y la muerte. Sin embargo, hay un tono de resignación. Ya no se busca la batalla, simplemente se quiere dejar constancia de lo que se es. Y en ese sentido hay un hilo conductor con los últimos dos relatos que, al parecer, no son ficción. El autor quiso plasmar la realidad de sus pensamientos sin trabas. A muchos les podrá molestar lo que escribió. Para cerrar la idea, rescato un pasaje de “Los mitos de Cthulhu”: “Estoy en contra de la censura y de la autocensura. Con una sola condición, como dijo Alceo de Mitilene: que si vas a decir lo que quieres, también vas a oír lo que no quieres.” No hay que decir más. No quería escribir para agradar. Escribía porque la literatura era su aire, su necesidad vital. Si le quitaba sinceridad a lo que lo mantenía con vida, entonces no podía seguir viviendo.

Desde mi atrevida ignorancia, dudo que estos sean los mejores cuentos de Bolaño. En ocasiones son enredados, se nos pierden las ideas o nos quedamos con un sabor amargo por la escasez de las conclusiones. Los finales son demasiado abiertos, al punto que al lector le cuesta cerrar la idea. Ahora bien, el autor se reiría en mi cara si leyera estas palabras. Claramente Bolaño siente un hastío por la literatura vacía, simplona, apta para todos. En resumen: los famosos bestsellers. Mejor lo dejo en palabras del propio Bolaño al preguntarse por qué hay ciertos autores que venden tanto: “¿Sólo porque son amenos y claros? ¿Sólo porque cuentan historias que mantienen al lector en vilo? ¿Nadie responde? ¿Quién es el hombre que se atreve a responder? Que nadie diga nada. Detesto que la gente pierda a sus amigos. Responderé yo. La respuesta es no. No venden sólo por eso. Venden y gozan del favor del público porque sus historias se entienden. Es decir: porque los lectores, que nunca se equivocan, no en cuanto lectores, obviamente, sino en cuanto consumidores, en este caso de libros, entienden perfectamente sus novelas o sus cuentos.” Pues bien, ahí está la belleza de esta obra: en su honestidad. Es el adiós del escritor al mundo y a sus hijos. Son sus últimos pensamientos. No tendrá que responder en vida por lo que escribió y ahí está lo liberador. Me quedo con la sensación que en medio de estas páginas está presente el último aliento de Bolaño. Con eso basta y sobra.


*Imagen obtenida de la página Web “Biografías y Vidas”.

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Creo que ya es obvio que, a mi ignorante manera, soy fan de la cultura japonesa. En primer lugar, una parte de mi marido viene de esos confines. Para rematarla, mi hijo y el pequeño que está pronto a nacer llevan como primer nombre uno de descendencia nipona. Hay algo fascinante y a la vez inalcanzable para los occidentales en las costumbres de estos elegantes orientales. Vamos a ver si la vida me alcanza para descubrir un poco los deleites de ese mundo. Por ahora, tomo lo que tengo a mano. En eso, cuando aún no nacía Takashi (mi primogénito) con mi marido andábamos como padres chochos en busca de infinitas opciones literarias para que nuestro pequeño tuviera a su alcance desde el día cero. Fue así como nos encontramos con Satoshi Kitamura y su libro titulado “¿Yo y mi gato?”. Todo encajó desde el comienzo: autor japonés, escribiendo libros para niños y, para colmo, los dos personajes principales eran un niño y su gato (como buena fan de lo japonés, también siento una extraña fascinación por los pequeños felinos).

No contaré la historia tras el libro porque creo que es mejor que cada uno lo lea y simplemente disfrute de la astucia y belleza de la obra. Pero no puedo dejar de comentar un poco sobre los trazos de Kitamura y la originalidad de su pluma. La historia detrás de “¿Yo y mi gato?” quizás no radique en la trama en sí. La idea ya ha sido llevada al cine y por eso no nos extraña ver que los personajes se intercambian de cuerpos. Lo excepcional está en la simpleza con que Kitamura cuenta la historia y cómo con escasas palabras nos recrea el mundo del niño transformado en gato. Los dibujos, no está de más decirlo, juegan un rol preponderante. Con ellos vamos viviendo lo escrito y nos sentimos como un felino más. Las expresiones que logra dar Kitamura a sus personajes están llenas de emociones y sentimientos al punto de darle vida propia a los hermosos dibujos plasmados en el papel.

Hace poco me enteré que Kitamura fue descubierto al azar por la editorial Random House (¿cuántos de nosotros no quisiéramos tener una historia así para contar?). Al ver los dibujos de este artista sin educación formal en el tema, le pidieron que ilustrara el libro “Fernando Furioso” de Hiawyn Oram. De ahí, sólo era cosa de tiempo para que Kitamura comenzara a ganar premios y prestigio con sus ilustraciones. Hoy no sólo escribe e ilustra cuentos para niños, también trabaja para algunos diarios japoneses, haciendo señaléticas para hospitales de niños, etc. En fin, la vida del autor da para mucho. Sólo terminaré diciendo que después de radicarse durante 20 años en Londres, en 2008 decidió volver definitivamente a Japón.

Por supuesto, no puedo dejar de mencionar, algunas de sus obras publicadas en español: “¿Yo y mi gato?”, “Gato tiene sueño”, “Perro tiene sed”, “Pablo el artista”, “¿Qué le pasa a mi cabello”, “En el desván”, “Alex quiere un dinosaurio”, “Pato está sucio”, y “Ardilla tiene hambre”

Ahora bien, para quienes vivimos en Chile, ¡Satoshi Kitamura estará visitando Santiago a fines de mayo! El Fondo de Cultura Económico (FCE) y la Universidad Finis Terrae nos deleitarán trayendo a este reconocido autor infantil. Les copio el itinerario que me ha enviado el FCE:

Miércoles 25 de mayo:
19:30 hrs. Entrevista Pública
Auditorio Fundación Telefónica
Providencia 119, Primer piso, Providencia

Jueves 26 de mayo:
19:00 hrs. Conferencia en Universidad Finis Terrae
Teatro de Casa Central
Av. Pedro de Valdivia 1509, Providencia

Viernes 27 de mayo:
18:00 hrs. Firma en Librería Gonzalo Rojas (FCE)
Paseo Bulnes 152, Santiago

Sábado 28 de mayo:
12:30 hrs. Taller para niños “¿Qué le pasa a mi cabello?”
En 25ª Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil
Parque Bustamante, esquina Bilbao

18:00 hrs. Firma en Librería Contrapunto
Mall Parque Arauco, Piso Diseño, Local 577 B, Las Condes

Para más información, los invito a visitar la página Web de Satoshi Kitamura en Chile: http://www.kitamuraenchile.cl/home.html

Y para quienes quieran indagar aún más, aquí está el link para la página Web (no oficial pero que sí cuenta con el apoyo del autor) de Satoshi Kitamura: http://satoshiland.com/

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I know. This blog started out in Spanish. Besides, I live in Chile (S. America) and, yes, my native language is Spanish. Hence, I should keep on writing in Spanish right? Well, no. I’ve given it a lot of thought. I know it can confuse the readers, but, and here’s the important thing, I’m writing because I simply love to do it. And I won’t limit myself to doing it in one language. During my school years, I received an American (and I mean with this a North American) education. That meant I had to learn to read and write in English. Time has past since my High School Senior year, and yet, sometimes I still find myself thinking in English. It’s kind of funny not knowing by hard the alphabet in Spanish, or feeling that it’s easier to count and do basic math in English. But that’s who I’ve become: a phenomenon that mixes up both cultures. I do know “Spanglish”, but more than that, I think my mind simply works both ways. Depending on the mood, the language I choose.

Most of you must know by now that I have a one-year-old son and we are happily expecting our second baby boy. Like many parents who love reading, I also want my kids to enjoy the wonders and magic of the infinite possibilities our imagination gives us when we are able to transform words into worlds. That’s why I try to read to my baby at least one story a day. At first he wouldn’t pay much attention to me. Then he started feeling interested in books: not in the way I intended him to, he simply wanted to eat them. Now a days he’s starting to stand up on his own. So he goes crawling to his shelves, stands up, and begins to slowly take one book at a time. At the end of the day, most of his books are on the floor. I let him do it. I actually enjoy seeing him in this task and I embrace the idea that he’s learning to love books in every possible way (even if that means standing on them). Finally, little by little, we are leaving the gulping phase behind and he’s actually enjoying the words and illustrations in the books.

Something I’ve noticed is that he simply loves rhymes. I wonder how many kids don’t. I remember my own elementary school years in where I would delight myself with authors like Shel Silverstein and, of course I couldn’t leave without mention, Dr. Seuss. My husband and I have made the effort of buying some of Dr. Seuss’ books in order to read to my little one. It’s been a magical experience collecting them since some were bought in the United States and delivered to Chile. But some were mysteriously found in used book stores in Concepción (south of Chile) even before my son was born.

I doubt many of you don’t know Dr. Seuss. Just in case, I mention some of his books: “The Cat in the Hat” (and “The Cat in the Hat Comes Back”), “Green Eggs and Ham” (who could forget Sam I am?), “Horton Catches the Egg” and “One Fish, Two Fish, Red Fish, Blue Fish”. The list could continue since he wrote over 40 books. But I think you get the idea. Dr. Seuss created a literary world. He illustrated his own books and gave life to fantastical places and characters we all thought were alive. And that’s the sparkle I see in my son every time I read him a Dr. Seuss book. He looks at me, at the book, back at me and while he listens, smiles and at times even laughs. That’s all I need to know. I have no idea how much he truly understands of what I’m reading, but just seeing him enjoy it is a blessing and his laughter shines inside me and makes me want to continue reading as long as he wants. Sure, there are times when his attention span is short and doesn’t last the entire story. But if for only one minute I can get him to enjoy the book, then I’m more than happy. It’s amazing how Theodor Seuss Geisel (Dr. Seuss) has the ability to captivate the attention of adults and children. My husband, coming from a German school, never encountered in his youth the writings of the author. Now he’s an academic and yet still marvels with the author’s pen. It’s in those details that you notice the grandiosity of an author. No matter what age or culture, Dr. Seuss is enjoyable by everyone. His writing is fast, funny, dynamic, alive and you simply go singing the words. His illustrations are of another planet and yet we get them, no explanation is required.

So, from this far end of the world, I invite you all to go to a bookstore and look for a book or two of Dr. Seuss. It doesn’t matter if you have kids or if you don’t. Simply grab a book, spend a couple of bucks, and enjoy the moment, the memories, the words and the unique experience of holding in your hands a literary treasure such as Dr. Seuss’ books. Meanwhile, I’ll keep on doing my homework and continue reading and re-reading this fantastic author that my son and I enjoy so much.

 

If you are interested in knowing more about Dr. Seuss or simply in “playing around”, visit his Web page: http://www.seussville.com/#/home. Random House has made a great job in recreating and online world of Dr. Seuss’ characters.

One last tip: there is a book called “Oh Baby the Places You’ll Go” which wasn’t written by Dr. Seuss but respects his style. It’s intended to be read to the unborn baby, but personally I enjoy reading it because it talks a little about most of the author’s creations.

 

The image was taken from the following Web page: http://topuspost.com/2011/03/02/dr-seuss-characters/

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Detrás de cada libro hay una historia. ¿Qué habrá pensado el autor cuándo lo escribió? ¿Cómo habrá recopilado la información necesaria para darle vida a su relato? ¿Cómo fue jugando con los personajes hasta hacerlos reales para los demás? Muchas de estas preguntas quizás jamás las sepamos, pero aún así nos deleitamos cuando nuestros ojos posan su mirada en las páginas escritas.

Los libros también tienen otra historia. Única e irrepetible para cada lector. Ahí está la magia que se esconde tras muchas de nuestras novelas. A veces por un mero impulso compramos un libro y lo guardamos con ansiedad en nuestras mochilas hasta que llegamos a casa. En nuestra guarida volvemos a sacar a la luz el nuevo integrante de la familia y lo contemplamos. Puede que lo leamos inmediatamente o que lo almacenemos junto a los demás libros esperando el momento indicado para leerlo. En otras ocasiones la novela llega de regalo. Generalmente esto implica un momento especial y viene de manos de alguien importante para nosotros. Por eso soy recelosa a la hora de prestar mis libros. Muchas veces han quedado en manos ajenas perdiendo no sólo el objeto material sino que también los recuerdos que él conlleva.

Así fue como obtuve “El Tercer Reich” de Roberto Bolaño. Luego de dar a luz a nuestro hijo, mi marido llegó con el libro de regalo para la recién estrenada madre. Es cierto, no guarda relación alguna con la maternidad, pero en su gesto se deslumbró el hecho de que me conoce como nadie y, más importante aún, me escucha. Hace algún tiempo tenía ganas de leerlo. Estoy lejos de ser una experta en Bolaño, pero he leído algunas cosas de él que siempre me han dejado con ganas de seguir conociéndole su pluma. No pude leerlo de manera inmediata. Las exigencias (gratas, pero exigencias al fin) de un recién nacido no me permitían el exquisito tiempo que una novela se merece. Finalmente he podido retomar el ritmo de lectura y opté por comenzar con este intrépido camino que Bolaño plasmó.

Me enteré de la existencia de “El Tercer Reich” (recientemente publicada pero escrita en 1989) leyendo críticas en algunos medios de comunicación. Al parecer, Bolaño lo habría escrito a mano y sólo habría alcanzado a pasar 60 páginas a computador cuando murió. Es tema recurrente que los herederos de autores fallecidos se esmeren por publicar hasta la última hoja que el difunto dejó escrita. Muchos críticos desdeñan esto. Mi tesina de pregrado estuvo basada en el autor mexicano Juan Rulfo. Ahí también se desplegaba esta guerra de poderes entre los herederos y los rulfianos. Muchos tienen la convicción que es inmoral publicar obras que el autor no quiso dar a conocer en vida. Otros creen que es un simple capricho económico de los seres queridos del autor. ¿Quién sabe? Quizás si le diéramos una mirada más positiva al asunto podríamos pensar que los herederos (de Rulfo, Bolaño o quien venga a cuento) sienten sincera admiración por la obra literaria del autor y buscan compartirla con el mundo.

En fin, volvamos a la obra en cuestión. “El Tercer Reich”. Me impactó el título. Siempre me ha entrado la curiosidad por saber qué relación guardaba Bolaño con Alemania. En más de una obra hace mención de la patria germana. Al parecer sabía tanto de la II Guerra Mundial como de literatura. En esta obra su personaje principal, Udo Berger, es alemán. Éste va junto a la bella Ingeborg (su pareja y ojo que también aparece un personaje con el mismo nombre en su novela “2666”) a veranear a Costa Brava y se queda en el hotel Del Mar (el mismo hospedaje que utilizó con sus padres hace diez años). Se vuelve a encontrar con la dueña del hotel, Frau Else, quien habría sido una especie de amor platónico cuando la conoció siendo adolescente y que ahora vuelve a seducirlo con su belleza. Pero no todo es amor en el balneario. Extraños personajes aparecerán en el camino como otra pareja de alemanes (Hanna y Charly), el Lobo, el Cordero y, quizás uno de los más importantes, el Quemado.

Al comienzo de sus vacaciones en Costa Brava, Berger sentirá que está en el apogeo. Con el paso de los días irá sucumbiendo en su propio infierno y no sabrá cómo salir de ahí. Su vida y sus sueños comenzarán a cambiar de rumbo y el personaje sentirá que no hay vuelta atrás. Temas característicos en Bolaño no podían ser ajenos a esta obra: habrán muertes, violaciones no aclaradas, personajes oscuros y enigmáticos y, por supuesto, el personaje principal que se irá envolviendo de manera absurda en esta trama que en realidad no le compete. Sueño, juego y realidad se van mezclando en esta historia que no parece tener consuelo.

Lo otro que me sorprendió a poco andar por Costa Brava, es el tema de los wargames. Al leer el libro no lo sabía, pero luego averigüé que en una entrevista dada el año 2000 Bolaño habría dicho que coleccionaba wargames (tanto en tablero como en computador). Quizás aquí esté una de mis críticas más grandes. No soy asidua a este tipo de juegos, pero Bolaño se encarga de hacer largas descripciones de partidas que ha tenido o tiene Berger. Entiendo la relevancia del juego para la novela, no obstante, creo que en ocasiones el autor pecó de exceso.

Pero dejando eso de lado, vale decir que Bolaño lo volvió a lograr. La trama engancha desde el principio (a pesar de estar escrito en formato de “diario de vida”). Berger (en manos de Bolaño) mantiene el suspenso a través de toda la narración. Tan sólo el final deja un gusto un poco amargo. Es demasiado simple para lo que había ocurrido con anterioridad. Quizás sea un final algo apurado, poco resuelto. Le quita algo de la grandeza que tiene la obra en su conjunto. No obstante, si me preguntan si la recomiendo o no, a ojos cerrados digo que sí.

*Fotografía obtenida de: http://www.ilhn.com/blog/

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“Soy un payaso y colecciono momentos.” – Hans Schnier.

Con mi marido hemos estado usando mucho la palabra “payaso” como un reemplazo de palabras más utilizadas por la sociedad chilena que no viene al caso mencionar. Por eso, cuando mi compañero de la vida me regaló el libro “Opiniones de un payaso” del alemán Heinrich Böll para nuestro primer aniversario de matrimonio reí y sostuve el libro con ansias esperando emprender luego el viaje por sus páginas.

Jamás había oído hablar del autor Heinrich Böll (Premio Nobel de Literatura 1972). Ya en las primeras páginas noté que las payasadas hechas por Hans Schnier, el protagonista del libro, no eran actos dignos de risa. La ironía, la crítica y el dolor están siempre presentes en esta obra literaria.

Los pensamientos de Schnier nos trasladan a una Alemania de post guerra en donde los valores tambalean. La sociedad concentra todas sus fuerzas en adquirir bienes materiales transformando el dinero en el gran fin de la humanidad. El cinismo es imperante y el moralismo decadente inundan a la población.

Me llamó la atención leer que Böll fuese católico ya que en su libro hay una fuerte crítica hacia el catolicismo. Luego comprendí que ni Schnier ni Böll sienten aversión hacia la Iglesia Católica. Lo que ambos tratan de mostrar es el mal uso que la sociedad alemana le ha dado a la religión. Refugiados en un moralismo barato, han hecho del catolicismo una pantalla de falsas apariencias. La gran lucha de Schnier está en no caer en el conformismo que él ve en los demás. Sin embargo su fuerza y su entereza son cada vez más frágil cuando asume que se ha quedado solo. La mujer que ama lo ha dejado para casarse con un “católico”, sus padres le dan la espalda e incluso su hermano, quien también se ha transformado al peculiar catolicismo de la época, se aleja de él.

Con los alemanes me sucede algo similar a lo que me sucede con los chilenos. De alguna forma en nuestro país siempre tenemos presente el tema de la dictadura. En Alemania parecen no poder desprenderse de los desgarrantes recuerdos de la II Guerra Mundial. Es cierto que hay eventos difíciles de olvidar. Incluso en ocasiones conviene siempre tenerlos presentes para no volver en caer en las mismas aberraciones. Aunque el tema principal no sea la guerra, Böll no deja escapar la oportunidad de hacer una crítica a este enfrentamiento bélico a nivel mundial. Nos muestra la ceguera de algunos sectores que jamás han sido capaces de asumir sus errores. También evidenciamos el dolor por el que pasó la nación germana y, finalmente, nos interiorizamos en el sufrimiento particular de las familias que perdieron seres queridos y de otros que fueron humillados hasta más no poder.

Para terminar, Schnier es un payaso que se lo cuestiona todo. No está conforme con los cánones establecidos. Junto con preguntarse por el sentido de su profesión, de su vida, de su credo y del amor, nos muestra las consecuencias del sistema capitalista. Aunque no lo dice abiertamente, Schnier sabe que el endiosamiento del dinero y de los bienes materiales ha causado que las personas pierdan su humanidad.

No contaré el final de la novela. Simplemente diré que como buen payaso Schnier toma un camino que a primera vista puede parecer risorio y trágico a la misma vez. No obstante, si miramos un poco más a fondo nos daremos cuenta que a pesar de todos los obstáculos Schnier ha decidido seguir luchando por aquello que él sabe es bueno. Para eso se requiere de una entereza y fuerza que pocos logramos alcanzar.

*Fotografía de Heinrich Böll obtenida de la página Web: http://www.wdr.de *

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Lamentablemente, a veces la vida supera a la ficción. Aquello que creíamos inimaginable se torna realidad. Entonces, lo ilógico reina por sobre todo sentido común y nos quedamos mirándonos las caras con signos de interrogación. Estaba leyendo El señor de las moscas de William Golding cuando se me vinieron estos pensamientos. Para quienes han tenido el libro en sus manos, es evidente que el autor hace una metáfora de cómo se va constituyendo lo que llamamos “sociedad” mediante un grupo de niños que quedan solos en una isla desértica luego que el avión en el que viajaban se estrellara. Al igual que en la obra literaria, muchos chilenos han quedado solos, lidiando con el dolor, la pérdida y la necesidad de reconstruirse socialmente. Comparando el libro con la realidad que azota a nuestro país, debo decir que la literatura ha quedado empequeñecida ante la brutalidad de muchos de nuestros compatriotas.

La bestialidad va alcanzando a estos niños que en un comienzo tratan de formar un orden social. Quieren construir refugios, protegerse mutuamente, cazar para alimentarse y, quizás lo más importante, mantener constantemente fuego (humo) en la cima de la montaña y así ser salvados y llevados de vuelta a Inglaterra. Piggy, quien es la voz racional, la astucia y la inteligencia del grupo, es rápidamente acallado. Ralph, el líder originalmente elegido por los niños, está lleno de dudas. A pesar de ser el más carismático, en ocasiones el cansancio lo hace dudar sobre cuál ese el camino correcto.

Jack Merridew es el encargado de los cazadores. Aunque Jack admira a Ralph, los celos lo hacen competir constantemente con él. Finalmente Jack les muestra el camino fácil a los demás: las fiestas, las comilonas y los juegos. ¿Para qué esforzarse por mantener el fuego si Jack los protege y los alimenta? ¿Para qué ayudar en reconstruir un país o una ciudad si es más fácil el robo, los saqueos y el aprovecharse de quienes están necesitados?

Tampoco podemos olvidar a Simon, el bien personalizado. Es un niño tímido que no se atreve a hablar. Sin embargo, cuando Golding nos permite entrar en su mente, este pequeño nos recuerda a Cristo. Su bondad es tan grande, que es capaz de arriesgar su vida por los demás. Así es como finalmente termina siendo brutalmente asesinado por sus compañeros. El ansia de sangre, de poder, de dominación sobre el otro transforma a estos niños en animales sin capacidad de discernimiento. Todo sentido de bien es aniquilado. Así también vemos cómo el sinsentido reina en muchos de nosotros. Al parecer nos hemos olvidado que el país está en lágrimas. Mejor será apresurarse a robar televisores, consolas de videojuegos o lavadoras.

En la isla, al igual que en Chile, comienza a aparecer una bestia. Algunos dicen que viene del mar y otros creen que viene del aire. Simon es el único que se da cuenta que el monstruo se genera de los propios niños. Es el mal que se está colando entre ellos y que no hace más que crecer. ¿Cómo no pensar en la realidad que está viviendo nuestro país? La mayor tragedia no ha sido el terremoto. Sí, el fenómeno natural arrasó con vidas inocentes y con hogares. Sin embargo, el dolor que puede llevar ese hecho (como también lo puede ser la caída del avión en El señor de las moscas) es mínimo si lo comparamos con el tormento que están causando los propios chilenos. Al igual que en el libro, la bestia está creciendo y la única forma de combatirla es controlándonos y dándonos cuenta que el sufrimiento no se cura causando más malestar.

Nuestro país tiene un largo trabajo por hacer. No sólo se necesitan reconstruir bienes materiales. Desgraciadamente está surgiendo una herida mucho más grande y profunda que es el daño que están haciendo los propios ciudadanos a muchos de sus pares. Esperemos que esta ceguera pase pronto y que juntos logremos ayudar a quienes más lo necesitan. Que la reconstrucción de nuestro país nos ayude a fortalecer los cimientos de nuestra sociedad y que el mal no termine arrasando a la bondad. No vaya a ser cosa que, al igual que los pequeños de El señor de las moscas, el dolor más grande no venga del terrible terremoto sino que de nosotros mismos.

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